La Feria culpa al mal tiempo de la caída de un 9,5 por ciento en ventas

La Feria culpa al mal tiempo de la caída de un 9,5 por ciento en ventas
junio 14, 2010 Chema

Vía : El Cultural
Feria libro madrid

Marta Caballero
La sensación del visitante a lo largo de estas 17 jornadas de feria ha sido de abarrotamiento: con o sin lluvia, en fin de semana y durante la semana, la afluencia de público en El Retiro ha sido notable. Sin embargo, la 69 edición de la cita cierra con una caída en las ventas de un 9,5 por ciento respecto al año anterior y con una recaudación de 8.200.000 euros. Un resbalón que la organización relaciona exclusivamente con la mala suerte de la meteorología, destacando tanto el calor del puente como las lluvias de la última semana.

Sin embargo, al margen de este sino climatológico que acompaña proverbialmente a la feria, no hay que pasar por alto dos cuestiones fundamentales. La primera, la obviedad de la crisis económica, algo en lo que coinciden libreros y editores, quienes, a lo largo de estos días, han comentado hasta la saciedad que “se vende poco o nada” en un sector que, en contra de lo que se anunció, no ha sido en absoluto un refugio ante la mala coyuntura económica. La segunda, que la de Madrid es una feria arraigada hasta el punto de convertirse en tradición, un elemento que la acerca más a una verbena que a un lugar para la compra-venta. Esto es, como en un ARCO de los libros, el visitante camina, bichea, pide al autor que le firme su ejemplar, se asoma a las casetas y acude a alguna actividad, pero las transacciones, en general, no son las esperadas.

Bestsellers y libros de autoayuda homogeneizan la feria
Pero hay otra cuestión más que ha marcado la edición, y que alude a lo que los libreros han traducido como lo más vendible en un año que arrancaba con la larga sombra de la crisis. Los bestsellers han ocupado y homogeneizado multitud de tiendas -suerte la de los libreros que han tenido entre sus invitados a gente apellidada Navarro o Asensi-, en tanto que los libros económicos y los de la rama de la autoayuda se han reproducido como setas. Y es una pena para una propuesta que se vende a sí misma como el lugar en el que el lector tiene acceso “a todo el fondo editorial español”, según anunciaba el director, Teodoro Sacristán, a unas horas de la inauguración. Algunos lectores echan en falta un poco más de bibliodiversidad.

Salvando las distancias, lo vivido en la Feria del Libro 2010 empieza a ser paradigmático por cuanto al parecido que tiene con otras citas como ARCO, por ejemplo. Tal vez a la del libro también le ha llegado el momento de reinventarse y de buscar al público de otras formas o, por qué no, de captar a otros públicos. La enormidad del recinto o la profusión de actividades con poco poder de convocatoria (demasiado especializadas, centradas en el mundo empresarial, etcétera) que han dejado los pabellones vacíos en multitud de ocasiones son algunos de los puntos débiles más significativos.

El Facebook, foro ya de vía directa para tomar el pulso a cualquier sector de la industria cultural, amanecía este lunes minado de comentarios del tipo: “¿Habrá vida en las librerías después de la feria?” “¿Tendremos que esperar a que llegue un nuevo ciclo de consumo como las vacaciones de verano?”, entre otras preocupaciones que, si algo dejan claro, es que insistir en la salud del sector librero ha dejado de tener sentido. Otras voces claman emblemas como “¡Ferias alternativas ya!”

Lo que dicen los libreros
Según los propios libreros, en esta feria han bajado las ventas diarias y la venta de libros superiores a 20 euros. Pero, además, sus datos hablan de un público que ya sólo compra un ejemplar con la visita, a diferencia de los dos o tres ejemplares que se llevaba a casa hace dos años.

En resumen, cierra una edición en la que el ebook ha sido el menor de los males -aunque el más sonado con la llegada paralela del gigante que será Libranda-, y que exige con urgencia un debate sobre su entorno, no el físico ni el climatológico, sino el del planteamiento de futuras actividades que puedan implicar al público con su feria más allá del paseo zombi de una punta a la otra.

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